El efectivo ha muerto, larga vida al efectivo

Por Salvador Calogero, country manager, 4Finance Argentina.

“No aceptamos efectivo”. Difícilmente tendremos la oportunidad de encontrarnos con un cartel con esta leyenda en algún comercio en la Argentina. Sin embargo, mundialmente esta frase despertó la atención de muchos medios cuando Suecia se convirtió en la sociedad con menos uso de efectivo del planeta. Según una nota publicada en la BBC, en septiembre de 2017, “del valor de todas las transacciones llevadas a cabo en ese país, apenas el 1% correspondió al pago hecho con monedas o billetes”.

En los últimos años, Corea del Sur, Noruega, Dinamarca y China se sumaron a la lista de países que disminuyeron el uso del dinero en efectivo. Este cambio y adopción de los medios digitales llevó tiempo, trabajo y estuvo acompañada de una estrategia de largo plazo que, finalmente, consiguieron modificar esta ecuación.

En la Argentina, el inicio de la pandemia y el aislamiento generaron un aceleramiento en la transformación de muchos hábitos. El anuncio de medidas gubernamentales como el cobro del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) a través de billeteras digitales y al final sólo se realiza con “Cuenta DNI”, del Banco Provincia, despertaron la euforia y el optimismo de muchos jugadores del sector financiero esperando que este cambio nos alcance. Sin embargo, la reciente encuesta realizada por la empresa de investigación de mercado Oh! Panel revela que “el 60% de los comerciantes considera el efectivo el medio de pago más conveniente y gran parte de las transacciones, en particular las de la economía informal, se siguen realizando por esa vía”.

Frente a este panorama tenemos un desafío muy grande, pero también contamos con las experiencias que se realizaron en países como los mencionados para llevar adelante una estrategia para, al menos, lograr una reducción en el uso del efectivo. Por ejemplo, en el año 2003, en la pandemia de SARS, las empresas privadas en China trabajaron en conjunto para crear innovación mientras que el Estado lanzó medidas para incentivar el comercio y el pago electrónico.

Una de las grandes barreras para la adopción de medios digitales en la Argentina son los cargos que tienen que pagar los comercios por aceptarlos, que van desde un 0,9% por cada operación de débito, hasta el 9% en operaciones de crédito, dependiendo del plazo de acreditación, y sin tener en cuenta el IVA y otros impuestos. Para responder a esta situación varios jugadores (la gran mayoría socios de la Cámara Argentina Fintech) realizaron inversiones para sostener los medios digitales. El Estado junto a las empresas y organizaciones sociales que promueven la inclusión financiera tienen que trabajar en conjunto para que esta innovación se lleve adelante asegurando un sistema robusto y transparente. Para ello, generar incentivos, que son el principal motor para que estos cambios ocurran, es clave.

Si bien la mayor parte de la concentración de la población se da en el AMBA y en otras ciudades, las personas que viven fuera de los centros urbanos pueden beneficiarse al evitar trasladarse para realizar transacciones físicas. En la India, donde existen muchas áreas rurales –según un artículo publicado por el Foro Económico Mundial, la economía rural del país aporta alrededor del 46% del ingreso nacional– poco a poco comenzaron a utilizar más los medios digitales por esta conveniencia. Inversión en infraestructura, un cambio generacional, educación e información fueron las maneras que hicieron para que se produzca esta lenta migración.

La educación y adopción cultural de los medios de pago digitales es algo que, en la Argentina y según las encuestas, los mas jóvenes están adoptando fuertemente pero en el inconsciente colectivo popular la gente sigue pensando que el efectivo es la mejor solución. En China, los jóvenes fueron quienes llevaron adelante este cambio de hábitos a través de los distintos sitios de comercio electrónico.

En el año 2001, el decreto 1548/01 estableció un régimen de retribución del 5% del impuesto al valor agregado para los consumidores que paguen las operaciones con tarjetas de débito, que finalmente se eliminó en 2017. Al comienzo del aislamiento, se especuló en realizar el pago de las ayudas sociales a través de medios electrónicos únicamente. Estrategias como estas ayudan a dejar de lado el uso de efectivo y generar mayor inclusión financiera en los sectores más vulnerables de la población.

Sabemos que lograr la desaparición del efectivo en una sociedad como la nuestra es un deseo utópico, pero alcanzable entre todos. En Suecia uno de los motivos que llevaron a trabajar en esto fue la reducción de los robos. Al final del día sabemos que modificar el comportamiento del consumidor y del ecosistema es un camino de largo plazo y cada paso que demos en ese sentido nos acerca más al objetivo planteado y que toda la sociedad acceda a mayores beneficios.

15/10/2020